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jueves, 19 de julio de 2012

IMÁGENES

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IMÁGENES












         Ahora es otra más dulce, no mucho más, sólo dulce: la del rellano del primer piso. Es un día cualquiera de la semana, venimos del comedor; algo que sobresale mucho en mi imagen es la luz. Es una luz normal, de fluorescentes, pero en mi imagen cumple una función determinada, me resulta generador traerla al vivo presente. Estamos en fila muchas niñas, subiendo hacia los dormitorios, con los pichis, las cintas en el pelo, quizás. Cada cual con su manera nueva, irrepetiblemente nueva de concebir el mundo. Y esa es su fuerza: que nada puede borrar esa experiencia pura. A la izquierda está la comunidad y después la salita donde comían y se reunían las profesoras. La sala de profesoras es un sitio con humo, con olor a colonia y conversaciones en las que yo nunca participé. Enfrente de la escalera por la que estamos subiendo queda el patio, oscuro porque es de noche, es invierno. Yo  me veo en la esquina antes del primer escalón y mirando hacia el hall, diría que estoy aquí aunque eso jamás hubiese podido sospecharlo. Y esa imposibilidad absoluta de saberme puente, es la que le otorga a mi imagen su valor, ya que está cerrado a cal y canto a todo lo que no sea aquella pureza. Arriba en el dormitorio habría problemas, tan difíciles como lo son los problemas, de hecho: ¿quién se quería subir en fila a dormir? Ocupo un lugar entre muchos y no tengo privilegios, pero es incuestionable que ese es mi lugar, jamás a nadie se le hubiese ocurrido cerrar la puerta que daba al patio dejando a alguna de nosotras sin pasar por las escaleras, la configuración de la imagen no lo permite.

Venimos por el pasillo de la cocina, había puertas allí que no tengo ni idea de a donde daban, sólo recuerdo ese camino las noches que íbamos a por la llave del almacén, que estaba detrás de la puerta de la comunidad. Fue muy valiosa, y no sé qué tiene que ver con esta imagen, otra  de una de aquellas niñas: los primeros días, año quizás, en ese mismo colegio cuando comíamos en otro sitio que luego fue sala de juegos.

Estuve todos aquellos años descubriendo la vida de esta manera que no se somete a descripciones reales ni irreales, sino descubriendo cada cosa tal cual. Me consterno a menudo al mirar imágenes de esas épocas porque no se corresponden mis percepciones con las ideas sobre qué son los años que las separan, me consterna mirar los mismos gestos en caras tan diferentes. Todo es una escala de agudos y graves que conforman la voz.



















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